Sobre la determinación trascendental de lo cinematográfico en su relación con el noúmeno como fundamento de la experiencia estética

El análisis trasciende lo fenoménico cinematográfico para examinar las condiciones de posibilidad de la experiencia estética. Se postula el noúmeno fílmico como sustrato inaccesible que fundamenta la aparición sensible, orientando la hermenéutica hacia una aproximación asintótica a la obra-en-sí, cuya esencial inefabilidad determina el carácter trascendental de la interpretación.

Dr. Norman Aguinaga

10/31/20252 min read

La problematización de la experiencia estética en el ámbito cinematográfico desde una perspectiva kantiana exige una indagación en los presupuestos trascendentales que condicionan la posibilidad misma de dicha experiencia. El cine, en cuanto fenómeno constituido por una sucesión de imágenes en movimiento proyectadas ante una conciencia, se presenta primariamente como representación fenoménica, esto es, como aparición sometida a las formas a priori de la sensibilidad —espacio y tiempo— y a las categorías del entendimiento. No obstante, la cuestión medular reside en si la aprehensión estética de lo cinematográfico puede ser reconducida a una hermenéutica que, trascendiendo el mero dato sensible, permita un acceso, aunque sea negativo, a la cosa-en-sí del filme, a su núcleo nouménico inaprehensible.

El noúmeno, en el sentido estricto de la Crítica de la Razón Pura, opera como concepto-límite, denotando aquello que pensamos como objeto de una intuición no sensible, pero que permanece radicalmente incognoscible para una facultad cognoscitiva finita como la humana. Transferido este marco al análisis fílmico, la obra cinematográfica en su integridad —más allá de su manifestación empírica en una sala de proyección o pantalla— se erige como un análogo de lo nouménico: es la totalidad significante que subyace a la experiencia perceptiva discreta del espectador, un sustrato que se intuye como fundamento de la aparición, pero que se sustrae a toda determinación categorial directa. La trama narrativa, la estructura formal, la intencionalidad artística en su plenitud, constituyen ese Ding an sich cinematográfico que nunca se agota en ninguna de sus lecturas o proyecciones particulares.

La hermenéutica trascendental, en este contexto, no aspira a develar positivamente dicho noúmeno —empresa metafísicamente imposible—, sino a elucidar las condiciones de posibilidad bajo las cuales el sujeto espectador puede postularlo y relacionarse con él en el modo específico de lo estético. El juicio de gusto, según la doctrina kantiana, despierta un "libre juego de las facultades" (imaginación y entendimiento) que, al no estar constreñido a un concepto determinado, sugiere una finalidad sin fin. Esta finalidad sin fin es el indicio de que, en la experiencia estética del cine, lo dado en la sensibilidad (imágenes, sonidos) opera como un símbolo de algo que lo excede, a saber, de la totalidad nouménica de la obra. La hermenéutica actúa, pues, como el procedimiento reflexivo que, partiendo de lo fenoménico dado, rastrea las estructuras trascendentales que permiten al sujeto inferir y proyectar la coherencia de un todo significativo inmanente, aunque inabarcable.

En consecuencia, la experiencia estética del cine podría ser definida como una relación hermenéutico-trascendental con lo nouménico. Cada interpretación, cada análisis fílmico, es un intento de aproximación asintótica a la cosa-en-sí de la película, intento que está condenado a la insuficiencia pero que se justifica en la medida en que moviliza las capacidades subjetivas hacia la postulación de una unidad inteligible más allá del flujo fenoménico. El papel del noúmeno en este proceso es, por tanto, el de un regulativo: no un contenido a conocer, sino un horizonte de sentido que orienta la actividad interpretativa y confiere a la experiencia su profundidad y su carácter inagotable. La grandeza de una obra cinematográfica residiría, en última instancia, en su capacidad para activar en el espectador esta conciencia de lo inefable, de lo que, estando necesariamente presente como fundamento, permanece en una oscuridad esencial, constituyendo el sustrato último que la hermenéutica puede circundar, pero nunca iluminar por completo.